Por: Camilo José Puello Rincón
En un continente más allá de los límites azorianos, donde Colón pensó llegar a un continente antiguo( si es verdad existía a la par de África, Europa, Asia y Oceanía), pero resulta que él estaba equivocado y nos dieron el apelativo de “nuevo descubrimiento”(primer error de un serie de errores,), desde entonces hemos venido copiando intempestivamente toda idea que surga de las tertulias de aquellos países desarrollados, y entonces preguntó a Dios ¿Qué ha pasado con la autoctoneidad de nuestros antiguos indígenas, quienes eran más avanzados que los bárbaros europeos descendientes de verdaderos seres incultos? Y él me contesta porque no fueron vivos y rateros como los “moralistas” europeos.
Y es que en verdad les digo esto porque al llegar al continente americano existían los mexicas, la cultura maya y chibcha (cuyo representante fue la confederación muisca) cómo pueblos con grandes desarrollos ecológicos y astronómicos, además de una organización social de tipo comunal y benéfica para todos, en la que se repartían los bienes. Con esto no quiero entrar en polémicas porque aparece alguien como individuo contrario a mí y me dirá que llegaron a cambiar esas costumbres malas, y ¿malignas para quien? Respuesta sencilla: mala para la sociedad occidental, este es un ejemplo donde se demuestra como seguimos los patrones de conducta llegados de afuera para que se nos acepten como “buenos ciudadanos” de la tierra.
Empezando el siglo XVI vemos cómo se acrecienta el renacimiento, cambian las interpretaciones que se hacen sobre el mundo exterior, la realidad se centra en el hombre, y el hombre más importante de la época era el europeo todo por el racismo de ellos hacia el resto de gentes y razas. Así se crea un antropocentrismo europeo hasta llevado a lo más radical. Además se crea la teoría del mercantilismo, cuya idea máxima era que un estado debe tener una balanza comercial con superávit, es decir, vender más comprar menos, esta teoría es favorecida por un siglo de guerras (guerra de los ochenta años,
En el siglo XVII empiezan la preocupación del hombre por estudiar la naturaleza, experimentar con ella para conocer el mecanismo de la misma, debido a un nuevo aire que da la infinita confianza en la razón y el intelecto humano, en esa parte surge el empirismo y racionalismo como formas de interpretar el origen y posibilidad de todos esos nuevos conocimientos. Pero estos las razones de conocer la naturaleza, eran en realidad de tipo económico para vender lo que cada país tuviera en su capacidad de manera libre sin interrupciones de los gobiernos, apareciendo el liberalismo económico, quien reemplaza al mercantilismo cómo teoría económica.
Cuando se asoma el siglo XVIII ya la ideología y forma de ser europea se ha tomado el mundo, los americanos y sus gobiernos desean tener a estos inversionistas en sus “repúblicas” para que traigan el progreso y desarrollo que necesita, pero en realidad, todo se lo ocultan y saben en el fondo que no es verdad, sólo buscan sus propias ganancias, no quieren saber de los pobladores a menos que sea para que trabajen como mano de obra
En el siglo XIX, el pensamiento social europeo dedicó poquísima atención al continente americano. Incluso los socialistas y marxistas que discutieron la “cuestión colonial”, al final del siglo, sólo estaban preocupados por Asia y África. Nunca tuvieron interés teórico y político en los nuevos Estados americanos que alcanzaron su independencia aunque se mantuvieron bajo la tutela diplomática y financiera de Gran Bretaña. Fue solamente en el inicio del siglo XX que la teoría marxista del imperialismo se dedicó al estudio específico de la internacionalización del capital y de su papel en el desarrollo capitalista a escala global. Asimismo, su objeto siguió siendo la competencia y la guerra entre los europeos, y la mayor parte de los autores marxistas todavía compartían cierta visión evolucionista procedente de Marx sobre el futuro económico de los países atrasados, seguros de que “los países más desarrollados industrialmente muestran, a los menos desarrollados, la imagen de lo que será su propio futuro”.
Fue sólo después de la década de los 20 que
Un poco más adelante, en la década de 1950, la tesis de la “revolución democrático-burguesa” y su defensa del desarrollo industrial fue reforzada por la “economía política de
Su crítica intelectual dio origen a las tres grandes vertientes de la “teoría de la dependencia”, que tal vez haya sido la última tentativa de teorización latinoamericana del siglo XX. La primera vertiente – de filiación marxista – consideraba el desarrollo de los países centrales y del imperialismo como un obstáculo insuperable para el desarrollo capitalista periférico. Por eso hablaban del “desarrollo del subdesarrollo” y defendían la necesidad de una revolución socialista inmediata, incluso como estrategia de desarrollo económico. La segunda vertiente – de filiación “cepaliana”– también identificaba obstáculos para la industrialización del continente, pero consideraba posible superarlos a través de una serie de “reformas estructurales” que se transformaron en tema central de la agenda política latinoamericana durante toda la década de los 60. En realidad, la propia teoría de
En esta línea de pensamiento, todavía en 2009, un importante intelectual de esta corriente de ideas defendía – por sobre todo lo que pasó en el mundo, desde el inicio del siglo XXI – que “no existe más geopolítica ni imperialismo en el nuevo mundo poscolonial, de la globalización, del sistema político y de la democracia global… [y que] la estrategia clásica de la geopolítica de garantizar acceso exclusivo a los recursos naturales en la periferia del capitalismo ya no tiene sentido no solo por sus costos, sino también porque todas las fronteras ya están definidas…”. Ingenuidades aparte, los liberales nunca tuvieron una teoría original con respecto a América Latina. Ni precisan de ella. La repetición recurrente de algunos tópicos cosmopolitas fue más que suficiente para sostener su visión de la economía mundial y legitimar su acción política y económica idéntica en todos los países. Aunque en el caso de los intelectuales progresistas del continente, es una mala noticia saber que no existe ya una teoría capaz de leer e interpretar la historia del continente y fundamentar una estrategia coherente de construcción del futuro, congruente con la inmensa heterogeneidad del continente latinoamericano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario