Ediciones de la Revista Penpo

Los hermanos de siempre

Edición N° 11




Por: Camilo José Puello Rincón

-¿Papi puedo ir a comprarme un coche?

-Lo siento hijo pero tu hermano Capitalismo jr., se gastó el dinero en fiestas con sus amigos Paraíso José Fiscal, Exención Tributaria y Bonos Basura.

-No puede ser y ahora-dice el hijo-, ya veo que mi tía Izquierdista tenía razón cuando me dijo que tú como Padre le dabas muchas libertades, le permitiste todo y te flexibilizaste.

-Pero Trabajador…..

-Calla Mr. Estado, conmigo la embarraste ahora me voy porque tengo que conseguir la comida, porque supongo que tu no tienes pa´darme….

Este tipo de conversación, me la invente, claramente porque quise usar una metáfora de la situación actual que ronda alrededor de las familias, es decir, de la temática que se ha vuelto común a todo ser humano dependiente-la mayoría- de un sueldo.

Con la nueva crisis del capitalismo, al estilo de la de 1929, las tesis del capitalismo de casino se confirman, el Estado norteamericano se contradice una vez más e interviene pesadamente, demostrando que su confianza en el mercado no era tan grande como su propaganda exhibía. El capitalismo muestra sus vísceras y las tesis de la izquierda critica keynesiana o anticapitalista – al neoliberalismo parecen ser acertadas. Y los izquierdistas nos reímos al ver confirmadas nuestras tesis sobre el carácter antisocial y tal vez terminal del capitalismo, nos restregamos las manos ansiosos por las consecuencias sociales y políticas de la crisis.

¿Debemos hacer eso? ¿O tal vez debiésemos preguntarnos cuan preparados estamos para enfrentar esta nueva crisis con alternativas de izquierda? No solo debemos preguntarnos si podemos enfrentar la crisis con teorías sino con fuerza social, política, ideológica, como para en tiempos de crisis disputar la hegemonía. Deberíamos preguntarnos si las medidas que los gobiernos tomarán significarán más sufrimiento para los pueblos, más desesperación, abandono, desempleo, informalidad, sin que puedan ver que hay otras alternativas.

Algunos me tildarán de comunista o de socialista furibundo, pero no en realidad muestro la realidad como es, no me gustan para nada aquellos eufemismos que dicen “no estamos en crisis, solo es una pequeña recesión”,y yo entiendo que no es conveniente soltar toda la verdad porque se generaría una situación de crisis post-hecatombe económica que puede hundir aún más la economía, sin embargo pienso que al paso que se dice eso ya deben ir adelantados y generar soluciones viables financieramente, porque se supone que en época de gran fluidez monetaria los gobiernos deben ahorrar algo y la otra parte invertirlo en bienestar(obras, calificación y competencia obrera) que genere aún más ingresos a sus arcas, pero no me refiero a crear es incentivos a los inversionistas externos, sino más bien crear inversionistas internos que de verdad ellos son los importantes aquí, porque ellos si dejan sus utilidades según el concepto clásico de la economía, aunque cualquiera es libre, sea nacional o extranjero de movilizar su dinero al país que quiera y decidir donde invierte sus utilidades.

Algo importante es que se cree conciencia en los dueños de empresas de tratar a sus empleados como personas y no objetos con eminentemente un medio que les sirve-su trabajo físico o intelectual- y es: lucro incesante a costa de la competitividad. Así también deben actuar los sindicatos ser autónomos de la política y establecer su defensa de los agremiados como tal, pero de lo verdaderamente importante no exigir gabelas estrafalarias y que saben que obtendrán un rotundo no. Al final lo importante para que la parte obrera y capitalista puedan entenderse entre sí es el dialogo y respeto conforme a decisiones reales y necesarias y no a intereses de un lado u otro.

Si nos limitamos a actuar como intelectuales críticos al capitalismo, entonces, la crisis es para nosotros un gran banquete. Podemos regocijarnos y recrear todos los días y semanas nuevos textos que prevén – “como ya lo habíamos escrito” – el fin del capitalismo para dentro de poco tiempo.

Siempre los de la vieja escuela comunista y algunos nuevos influenciados por esta han tenido las incógnitas de no saber cuándo, dónde y cómo terminaría el capitalismo – tema que aparentemente fue asumido hasta por los mismos teóricos del capitalismo. No obstante, como el propio Lenin nos recuerda, el capitalismo no cae ni caerá si no es derribado – como demostraron los procesos revolucionarios que terminaron con el capitalismo, temporal o definitivamente. No solo no cae por sí mismo sino que hasta demuestra capacidad de recuperación. ¿Quien diría que a patria de Lenin, aquella de la primera revolución obrera-campesina de la historia de la humanidad, vería restaurado el capitalismo, en una versión mafiosa? ¿Quien diría que los Estados Unidos, “heridos de muerte” por la crisis de 1929, liderarían el mayor y mas profundo ciclo largo expansivo del capitalismo de su historia y lograría derrotar a la URSS quien colapsaría debido a implosiones políticas de deseos autónomos?

No digo esto para ser caracterizado como diseminador de visiones apologéticas del capitalismo o para alentar el desánimo sino para cumplir la saludable afirmación de Brecht, de que “debemos tomar al enemigo por su lado más fuerte”, para no equivocarnos sobre las condiciones reales de lucha contra él, para no subestimar sus fuerzas y, sobretodo, no sobrestimar nuestras fuerzas.

Ante cada crisis que la izquierda se muestra de nuevo incapaz de asumir posiciones verdaderas y se enfrenta a los viejos vicios de ataño, cuyas bases son la ridiculez de que el capitalismo va a acabarse con cada crisis económica y se contenta con la contemplación de los últimos días de una sociedad capitalista, que insiste en sobrevivir, gracias a la falta de alternativas de izquierda – teóricas y políticas – . De esa misma izquierda que parece creer que, finalmente, un día, no muy lejano, los pueblos del mundo se convencerán de sus tesis apocalípticas, sin haberlas construido como fuerza económica, social, política e ideológica.

Por el momento, como decía Marx de la pequeña burguesía, parece que el pueblo todavía no está maduro para entender las tesis de una izquierda que se contenta consigo misma, con nuestras maravillosas tesis que nos dicen que a largo, medio o corto plazo, inevitablemente, la historia revelará que camina para el socialismo.

Poco habremos aprendido de los virajes – revolucionarios y contrarrevolucionarios – del siglo XX, si seguimos esperando ver pasar el cadáver de nuestro enemigo en lugar de preparar meticulosamente la realización de nuestros sueños y de nuestras utopías, como recomendaba el realismo revolucionario de Lenin.

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