Por: Mi camarada el Cha-Cha
Políticas indigenistas
Volviendo con nuestra temática inicial, llegamos al eslabón o tema de las políticas indigenistas, en el cual analizaremos que aspectos se tienen en cuenta a la hora de plantear estrategias sobre los indígenas, desde que perspectiva se los ve y por qué se ha creado esa visión (sea la correcta o la equivocada)
¿Cuál debe ser el papel del Estado frente al fenómeno de la diversidad cultural? Buena pregunta ante la actual situación en donde existe una globalización que quiere dominar todo concepto que se precie de ser diferente y autónomo, los indígenas “poseen”-en relación a la tierra y sabrán ahora porque lo digo- algo que los inversionista no: los grandes recursos subyacentes en el suelo, y que no son “aprovechados” por los indígenas, a sabiendas de que ellos creen en una cosmovisión donde la tierra se respeta, ellos siempre han sido los verdaderos ecologistas.
Frente a esa situación el estado muchas veces hace un pare a las normas constitucionales que están en la mayoría de países y prefieren sacrificar el medio ambiente y con él una cultura que esta evolucionando constantemente y que no podemos eliminar de raíz, es decir acostumbrarla a nuestro tipo de vida. Tampoco podemos marginarlo de sus proceso porque son minoría, aceptémoslo, se les da un gobierno autónomo y semi-independiente pero acorde a las leyes, eso si no debemos olvidar que no se pretende aislarlos ni que evolucionen aparte de nosotros, simplemente por mi parte es que deseo darles un tiempo para que entiendan los sistemas sociales occidentales y decidan si conservan sus cultura o la abandonan totalmente, sin presiones evidentemente
Por último pienso que es injusta la discriminación actual porque uno no escoge pertenecer a una cultura. La pertenencia a una cultura, en cambio, no puede ser vista como un obstáculo a borrar. Al contrario, lo que se busca es la afirmación de aquellas diferencias. No se pretende que se ignoran las dinámicas activas de esas culturas
Pero, además del conflicto entre cultura y justicia, no queda claro qué criterios debemos emplear para separar las características supuestamente auténticas de una cultura de aquellas supuestamente inauténticas. Hace cien años, una encuesta en el mundo occidental probablemente habría encontrado a una mayoría pensando que es parte esencial de la cultura propia que la mujer trabaje en casa, cuidando a los niños y manteniendo el orden doméstico, mientras que ninguna de estas tareas eran vista como atribuibles al hombre. Hoy en día, esta concepción esta siendo duramente criticada y son muchos los que la rechazarían de plano.
Kymlicka trata de evitar estos problemas diferenciando entre características esenciales y accidentales dentro de una cultura. Mientras que las características accidentales pueden cambiar con el tiempo sin afectar a la cultura en cuestión, las características esenciales constituyen el núcleo de una cultura que requiere ser preservado para preservar a la cultura misma. Sin embargo, no queda claro qué criterios deberíamos emplear para distinguir lo uno de lo otro. Pero aun en el caso hipotético de que tuviéramos tales criterios a nuestra disposición nada garantiza que las características centrales de una cultura merezcan ser preservadas.
Por lo mismo, el siguiente paso consistirá en analizar en qué medida la pertenencia a una cultura sí puede ser considerada un reclamo justo, un derecho básico.
Kymlicka trata de evitar estos problemas diferenciando entre características esenciales y accidentales dentro de una cultura. Mientras que las características accidentales pueden cambiar con el tiempo sin afectar a la cultura en cuestión, las características esenciales constituyen el núcleo de una cultura que requiere ser preservado para preservar a la cultura misma. Sin embargo, no queda claro qué criterios deberíamos emplear para distinguir lo uno de lo otro. Pero aun en el caso hipotético de que tuviéramos tales criterios a nuestra disposición nada garantiza que las características centrales de una cultura merezcan ser preservadas.
Por lo mismo, el siguiente paso consistirá en analizar en qué medida la pertenencia a una cultura sí puede ser considerada un reclamo justo, un derecho básico.
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