Edición N° 13
Por: Nachito Puyo
Para este artículo recordé una película que funciona de manera interesante y que es aplicable al tema que nos concierne: el de agro ingreso seguro. Pues bien de la película-en cuestión- llamada Buenas noches, señoras y señores, dirigida por el cineasta italiano Luigi Comencini, me llamo la atención una escena donde un periodista le pregunta al político: ¿Va a dejar el cargo? Y el mismo responde: No para que; sin este cargo no podría hacer lo que hago y comprar conciencias ¿Entonces cree que los votantes le apoyaran?-pregunta de nuevo el periodista asustado por lo dicho-. Los votantes bueno ellos me eligieron para mentir, robar fondos, hacer chantajes porque no han expresado lo contrario, por eso no voy a desilusionarlos.
En Colombia ya no hace falta ser comunista a ultranza(o pertenecer a la guerrilla, largamente confundida) o ultraderechista(o ser del agrado paramilitar) para que te deseen una fosa común, no, en un país tan polarizado como este basta con ser honesto porque fomenta un obstáculo para las ambiciones políticas y todo aquel que sienta que su puesto tambalea por tolerar este ente-le digo ente porque todos saben que existe pero es omnisciente- o por idearlo y darle vida.
El adagio popular que pretende que “el poder corrompe” induce la despolitización y el fatalismo porque llama la atención sobre “el poder” y no sobre los medios para alcanzarlo, los cuales son –los medios- los verdaderamente corruptores. No es verdad que el poder corrompa; mucho más cierto es que la corrupción, bajo ciertas condiciones, proporciona poder, y que en consecuencia, bajo esas condiciones, de derechas o de izquierdas, sólo se puede alcanzar.
A la espera de inventar un cuarto procedimiento o de aplicar de verdad el tercero, la humanidad sólo conoce tres medios de alcanzar el poder: la conquista, el derecho divino y la democracia. Lo que nos narran las tradiciones populares de los cuentos infantiles, elaboradas en la Edad Media , son los peligros de un poder absoluto adquirido mediante la guerra o el linaje y la esperanza –y la excepcionalidad- de un rey bueno capaz de resistir la tentación. En teoría democrática, al contrario, uno sólo alcanza el poder porque es el más bueno o el más justo o el más sensato. Pero en realidad, bajo el capitalismo los procedimientos para acceder al poder combinan los males de la conquista y los de la realeza: explotación económica, endogamia de clase o de partido, componendas en la oscuridad. Cuando uno llega arriba, abajo se han quedado, como los posos del café, los escrúpulos, los principios y el compromiso, es decir, sólo llegan al máximo poder aquellos que son incapaces de conservar los “buenos principios” dictados en la escuela. El rey que heredaba el trono aún podía ser bueno precisamente porque su poder era absoluto(nadie lo cuestiona); el político capitalista que se lo trabaja no puede serlo porque su poder es sólo relativo.
Digamos que, sin verdadera democracia, es siempre menos corruptor un poder absoluto que un poder relativo. Por eso, el verdadero peligro comienza cuando no es la clase política la que se corrompe sino también sus votantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario